Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de noviembre de 2014

Aviso a navegantes


La coincidencia esta mañana de cinco grandes veleros en el puerto de Málaga (cuatro de ellos cruceros), nos indica claramente que la navegación del futuro necesita ser más eficiente y sostenible, para lo que no tiene complejos en mirar al pasado y aprender de varios milenios de experiencia, de ensayos y de errores. Adaptarse o morir siempre ha sido el lema de la evolución y ante un panorama de disminución de los recursos energéticos, la navegación a vela, especialmente para trayectos recreativos, vuelve a cobrar todo su sentido.

A una navegación más relajada y auténtica se le suma el menor gasto energético de estos grandes veleros y cómo no, su indudable encanto. Todo un espectáculo visual que, por suerte, cada vez es más frecuente en nuestro puerto.

Por desgracia para Málaga, los regidores/empresarios del urbanismo y los guías espirituales de la mediocre arquitectura local, no suelen dejarse llevar por este tipo de reflexiones, lo que está provocando la demolición sistemática de la ciudad histórica, que desapare ante nuestros ojos, día a día, casa a casa, manzana a manzana. Sus viejos barrios: la Trinidad, El Perchel o la Coracha, entre otros, marcharon hace ya años camino del vertedero, sin que pudiéramos, apenas, estudiarlos y comprenderlos. Siglos de experiencia arquitectónica y urbanística acumulados en sus casas, en sus calles, en el uso inteligente de sus materiales, todo ello perdido para siempre.

Imagen: Málaga REC

Justo ahora que estamos a las puertas de un cambio en el modelo energético, que exigirá una arquitectura más respetuosa y eficiente y un urbanismo más sensato, en este preciso momento, hemos decidido quemar nuestra particular biblioteca de Alejandría.

 En los próximos años, mientras Málaga se convierte en un ejemplo internacional de cómo no hacer las cosas, los grandes veleros seguirán visitando nuestro puerto, como si nunca hubiera pasado nada.

Y es que, a diferencia de nosotros, ellos están de paso en la exciudad del paraiso.




viernes, 21 de marzo de 2014

La Málaga antigua, cada vez menos antigua

Un primer vigía contemplaba como resplandecía La Mundial en los 80, mientras los solares iban surgiendo a su alrededor.

POR NACHO LORING...

Lo mismo que La Coracha. El mismo destino que el Pasillo Guimbarda. Al mismo bendito cielo que la iglesia de La Merced. Parece ser que al último palacete urbano del casco histórico de NUESTRA Málaga le espera el mismo cruel destino. Recalco en mayúscula porque cada ciudad es propiedad de sus ciudadanos y no de sus gobernantes, y aquí parece que se les ha olvidado. 

Esta semana se pusieron en contacto conmigo los gestores de la plataforma Torre Vigía, que tanto tiempo lleva luchando por la vida de este magnífico edificio, pidiéndome que escribiera una petición a las administraciones por parte de la familia Loring, antigua dueña del palacete, para que no lo derrumben. Y lejos de buscar protagonismo, escribo este comunicado desde el corazón de un malagueño que le duele el alma viendo fotos antiguas del barrio de La Trinidad, Capuchinos o el Perchel. 

Excmo. Alcalde de la ciudad de Málaga, pregunte a cualquier viandante de calle Larios qué es lo más bonito que tenemos. El 99% de las respuestas será un decidido y sonriente “¡Po’ er centro!” que llena la boca. ¿Usted cree que es por el hotel Málaga Palacio? ¿De verdad piensa que un hotel de 10 plantas en el puente de La Esperanza es lo más adecuado? No lo creo… No lo creo. 

Se tomaron la libertad de cambiar la protección Bien de Interés Cultural del Centro Histórico para levantar 10 descomunales plantas donde sólo se podían 5. Lo mismo pasó con el NH y el Ibis en el antiguo y precioso Pasillo Guimbarda del antiguo y precioso barrio del Perchel. Lo mismo pasó con el Málaga Palacio en la antigua y preciosa Cortina del Muelle. Están construyendo una Málaga moderna y progre para que nuestros queridísimos e internacionales turistas disfruten del buen clima y mejor gente de la ilustre y hospitalaria Ciudad del Paraíso, como escribiera Vicente Aleixandre (ay Vicente, miarma, si levantaras la cabeza…). La Málaga del Soho (barrio puro y de arte donde los haya), la Málaga del Palmeral de las Sorpresas. La Málaga de los nuevos chiringuitos de la Playa de la Malagueta. Una Málaga para la comodidad del extranjero y el bolsillo de las promotoras y concejales que aprueban y desaprueban leyes para poder derrumbar edificios de 100 primaveras de historia y construir modernidades que alojarán a más gente y podrán agrandar la cuenta de algún espabilao. 

Esta es la realidad de la ciudad. Hoy día 5 de marzo de 2014 parece ser que a la antigua pensión La Mundial le quedan horas de vida. Tranquila hija. Tus debilitadas paredes no sufrirán. Sufriremos nosotros al no verte más en el Hoyo Esparteros. Sufriremos al ver la mole blanca y fea que van a levantar en tu suelo. 

Mi humilde y sentido pésame a todos los malagueños por esta pérdida. 


La Mundial por Luis Ruiz Padrón
En el Hoyo de Esparteros
Llora una blanca gaviota
“¿Y quién sería el idiota
Que cuando acabó febrero
Tuvo y tiene las pelotas
De taparnos nuestro cielo
A todos los percheleros
Con esta enorme derrota?”
Si al volver de madrugada
La Esperanza por su puente
Más lágrimas derramara
Es porque esa primavera
Tras sus verdes penitentes
La Mundial ya no le espera. 
I. Loring
Málaga a 20 de marzo de 2014

lunes, 3 de marzo de 2014

Málaga espera que cada vigía cumpla con su deber


Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber. Con estas palabras, izadas mediante señales en los palos del Victory, el almirante Nelson arengaba a sus marineros, justo en el momento en el que daba la orden de lanzarse contra la flota combinada hispano francesa. Una maniobra en forma de doble cuña con la que no solo destrozó las armadas aliadas, sino también el sueño marítimo de Napoleón, y a la larga, la continuidad del Imperio Español.

Tres formas de ciudadanía se enfrentaron en aquella legendaria batalla. Por un lado, los marineros británicos, quienes tras una serie de revueltas, motines y protestas, habían conseguido el respeto de su gobierno. Y no solo eso, sino que el aumento de las pagas, la mejora en la alimentación y el establecimiento de indemnizaciones a huérfanos y viudas, había conseguido establecer una confianza mutua entre gobierno y marineros. Por otro lado estaban los franceses, cegados por el brillo fulgurante de Napoleón, un dictador con mucho carisma (como se diría ahora), quien escudado en los ideales de la revolución Francesa intentaba imponer su autoridad sobre Europa, aunque el precio a pagar fuera la sangría de su nación. Por último, miles de españoles, (súbditos de un rey Borbón que había vendido el país a los Franceses), fueron reclutados a la fuerza en tabernas costeras y en pueblos del interior, para ser enrolados sin formación previa, sin sueldo y casi sin comida. Estos desgraciados marinos se vieron involucrados en una tremenda batalla donde lucharon como leones por salvar el propio pellejo, más que por la gloria de su rey.

Finalmente Nelson ganó, aunque muriera en el intento. Sin embargo, sus hombres continuaron luchando hasta alcanzar la victoria sobre franceses y españoles. Gran Bretaña se convertía así en el imperio hegemónico durante el siguiente siglo. Francia poco después pasaría a ser una potencia de segundo orden y España... Bueno España desaparecería practicamente del panorama internacional y pasaría a ser un país olvidado más allá de los Pirineos, donde por cierto, aún seguimos.

¿Y qué tiene esto que ver con el patrimonio, La Mundial y todas esas cosas de las que tratamos en Torre Vigía? Pues algo muy simple: esta historia nos demuestra que cuando se confía en la gente, en los ciudadanos, cuando gobierno y pueblo son uno mismo y luchan por una misma causa, entonces pueden alcanzarse grandes logros. Sin embargo, cuando el gobierno vive alejado del pueblo, cuando lo oprime, lo utiliza y lo trata como súbdito aborregado, entonces el desastre está garantizado.

Por desgracia, España todavía está gobernada por gentuza que no dudaría en mandar a sus ciudadanos a morir en un nuevo Trafalgar, si de ello dependiera mantener sus privilegios. Aunque quién sabe, quizás esta vez los marineros no se limiten a luchar por salvar su vida.





jueves, 2 de enero de 2014

La Málaga borrada

 Piezas rescatadas de cualquier cuba tras la lamentable demolición de un edificio histórico, por ejemplo en el Perchel. En las últimas décadas hemos perdido miles de ellos en nuestra ciudad, hecho que a pocos parece importarle. Con su desaparición, nuestra historia se va borrando, poco a poco...

"¿Quién, ante una casa de pisos parisién, no ha pensado nunca que era indestructible? Puede hundirla una bomba, un incendio, un terremoto, pero, ¿si no? Una ciudad, una calle o una casa comparadas con un individuo, una familia o hasta una dinastía, parecen inalterables, inasequibles para el tiempo o los accidentes de la vida humana, hasta tal punto que creemos poder confrontar y oponer la fragilidad de nuestra condición a la invulnerabilidad de la piedra. Pero la misma fiebre que hizo surgir del suelo estos edificios, no parará ahora hasta destruirlos.

Vendrán las empresas de derribos y sus brigadas romperán los enlucidos y los alicatados, hundirán los tabiques, doblarán los herrajes, dislocarán las vigas y los cabios, arrancarán los morrillos y los sillares: imágenes grotescas de una casa derruída, reducida a sus materias primas, cuyos montones vendrán a disputarse unos chatarreros de guantes gruesos: el plomo de las cañerías, el mármol de las chimeneas, la madera de las armazones y los entarimados, de las puertas y los zócalos, el cobre y el latón de los picadores y grifos, los grandes espejos y el oro de sus marcos, el mármol de los fregaderos, las bañeras, el hierro forjado de la barandilla de las escaleras...
Las incansables excavadoras de los niveladores vendrán a cargar el resto: toneladas y más toneladas de cascotes y polvo."
Georges Perec. "La vida: instrucciones de uso". 1978

jueves, 3 de octubre de 2013

El pastiche de Moneo


El proyecto del hotel Moneo lleva años suscitando una encendida polémica entre los defensores de la arquitectura tradicional española, los partidarios de la arquitectura contemporánea y los que se sienten cómodos a medio camino entre ambas opciones.

Nosotros, que defendemos la primera opción, no solo tenemos en cuenta los valores arquitectónicos, monumentales o sentimentales (la mayoría de las veces) de nuestros edificios históricos, sino que aprecia la sensatez, adaptación y uso de materiales (ahora llamados ecológicos) que tan solo ahora empezamos a comprender y valorar. Para nosotros, cada pérdida patrimonial equivale a la quema de un valioso libro que llevaba años olvidado en una estantería.

Para nuestros antagonistas, la arquitectura contemporánea es igual o incluso superior a cualquier arquitectura pasada, lo que la hace no solo apropiada para intervenir en centros históricos, sino que debería ser la única aceptada. Es más, la mayoría de las veces aprovechan para criticar el excesivo proteccionismo de los conjuntos históricos. Y eso que el de Málaga no ocupará más del 5% del total de la ciudad y que en el otro 95% la arquitectura como tal brilla por su ausencia. Pero una buena ubicación es vital para ellos. (Sentimos si hay inexactitud en la definición de los contemporáneos, pero recordad que son nuestros opuestos por lo que en público no podemos echarles flores, hay que guardar las formas).

Entre ambas posturas, existe una infinita gama de grises, tantas como interesados en la materia. Muchos defienden el acople de ambas tendencias, otros se acercan más a una de las dos posturas y algunos se posicionan según de dónde sople el viento.

Tres tendencias que raramente se ponen de acuerdo. Sin embargo, existe una unanimidad de criterio cuando de lo que se trata es de identificar un PASTICHE.


Los pastiches son propios de arquitectos mediocres y de ciudades de segunda. Pero ni Moneo es mediocre, (sino todo un premio Pritzker, o como se diga), ni Málaga es de segunda sino de primera, oe oee.

¿Y a qué viene ahora lo del pastiche? Pues vamos por partes:
DRAE. Pastiche: Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente.
WIKIPEDIA. Pastiche: El término procede del francés, que a su vez lo tomó del italiano pasticcio, y en su origen se refería a las imitaciones de obras pictóricas tan bien hechas que podían pasar por auténticas.

Y eso justamente es lo que va a hacer Moneo con la Mundial. Tomar elementos característicos de la obra de Strachan (uno de nuestros más insignes arquitectos) para imitarlo. Pero al emplear otra ubicación, (donde las relaciones visuales con la trama urbana, alturas y viales son totalmente distintas), dará la impresión de ser una creación independiente.

La Mundial de Moneo, acaso su última obra, el broche final a su dilatada carrera, será un pastiche en el centro de Málaga. Poco más podemos decir, salvo que cada uno es libre de elegir su epitafio.
_______________________________________________________________________
Hoy podemos leer esta noticia en Diario Sur, firmada por su redactor Jesús Hinojosa:










miércoles, 25 de septiembre de 2013

"Con nosotros o contra nosotros"

Hoy dejamos la temática patrimonial a un lado y os traemos un artículo del maestro Pérez-Reverte.

Nosotros, al igual que él, no tenemos ideología porque tenemos biblioteca.

Conmigo o contra mí. Pérez-Reverte

 Foto de Arturo Pérez-Reverte

Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.

Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común.

Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y si, por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología, respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto «y no me mojaba». Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.

Qué fácil resulta entender, así, nuestra despiadada Guerra Civil. Si ahora no se dan delaciones y paseos por las cunetas, es sencillamente porque ya no se puede. Pero las ganas, el impulso, siguen ahí. Me pregunto muchas veces de dónde viene esa vileza, esa ansia de ver al adversario no vencido o convencido, sino exterminado. La falta de cultura no basta para explicarlo, pues otros pueblos tan incultos y maleducados como nosotros se respetan a sí mismos. Quizá esa Historia que casi nadie enseña en los colegios pueda explicarlo: ocho siglos de moros y cristianos, el peso de la Inquisición con sus delaciones y envidias, la infame calidad moral de reyes y gobernantes. Pero no estoy seguro. Esa saña que lo mismo se manifiesta en una discusión política que entre cuñados y hermanos en una cena de Navidad es tan española, tan nuestra, que me pregunto quién nos metió en la sangre su cochina simiente. Desde ese punto de vista, el español es por naturaleza un perfecto hijo de puta. Por eso necesitamos tanto lo que no tenemos: gobernantes lúcidos, sabios sin complejos que hablen a los españoles mirándonos a los ojos, sin mentir sobre nuestra naturaleza y asumiendo el coste político que eso significa. Dispuestos a decir: «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro».

viernes, 11 de mayo de 2012

Ciudad Solar


Por circunstancias que no vienen al caso he tenido últimamente la oportunidad de disfrutar de cerca de una de las grandes rarezas del patrimonio arquitectónico de Málaga. No me refiero, por supuesto, a la acumulación de fórmulas dieciochescas, ni siquiera a esos reductos de encofrado y pintura que respiran, como bacterias apáticas, debajo de la piel muerta de la cultura del pelotazo. Hablo de los solares, de los solares realmente cualificados. En un radio de apenas dos kilómetros, el que engloba el Centro, he podido inventariar más de cuarenta; muchos de ellos cercados, otros abiertos como una región selvática de la memoria de otro tiempo, solares como lamentos llegados desde el país de la herrumbre, a los que quizá únicamente le falta un poco más de frondosidad para emparentar con la caída de los imperios cotidianos, con la decadencia de una nobleza sentimental, la que tenía más letras y agallas que títulos y acciones.

Solamente Lisboa, la Lisboa entregada a la picadura de la piedra y las carreras de la vegetación, supera en lirismo a algunos de los ejemplos que sobreviven en Málaga, aunque con diferencias agitadas, lo que en la ciudad por el Tajo es humedad y cuento de hadas, en la capital de la provincia se convierte en obstinación y mordedura de serpiente; Lisboa es una señora impecable que espera en su castillo la llegada del Apocalipsis, Málaga un revoltijo después de una fiesta. Digo de sus solares, criaturas marcadas, zonas de narración y de desidia, en las que bailotean salvajamente los cristales molidos, las hierbas y las latas, los muros y las perchas de la ropa. Nada de yermos, de baldíos, no se trata de eso; nuevos desiertos vaciados por la caída de una catástrofe, con azulejos de cocina todavía intactos sobre las medianas y los trozos de paredes. El patio trasero del conservatorio María Cristina, con una ensalada de ladrillos metida en el ojo tuerto de la ventana, su delirio de enfrente, en el que hasta se mantienen los enchufes y el papel de colores, casi suspendidos en el aire.

A pocos metros de la oficina en la que escribo este artículo, con vistas al aparcamiento de Tejón y Rodríguez, el espectacular monstruo de decenas de balcones del que sólo se conserva la fachada, como en la novela de Georges Perec, La vida instrucciones de uso, la casa abierta y convertida en una cáscara, en una concha de pasado quebradizo, triturado. Ceniza, óxido, pellejos de televisores, y hasta una muñeca, prodigiosa muñeca, incrustada en un hueco de la pared de uno de los solares de la calle Compañía; un juguete con el pelo rubio, como paja oscurecida por el légamo, quizá abandonado, superviviente mágico del derrumbe que es una parte de una ciudad y de una época. La guerra de la economía, los símbolos del desastre, de la negligencia de un periodo excesivamente acelerado al que todos ponen parches en las distancia. La belleza escandalosa de la crisis, de la destrucción, la vida metida como rastros de trufas entre las flores del desastre.

Lucas Martín, La Opinión de Málaga, 10/05/2012

lunes, 9 de abril de 2012

Ya no cuela


El Perchel se cae a pedazos, algunas calles de la Trinidad debieran localizarse en Dubrovnik, Lagunillas se viene abajo, la Cruz Verde mereciera estar situada entre Malecón e Infanta en La Habana, Capuchinos es propio de Beirut, y el Barrio de San Felipe se asemeja a Peñarrubia cuando están bajas las aguas del embalse del Guadalhorce. Es la deconstrucción urbana del casco histórico de la ciudad de Málaga, que especialmente en estas fechas, se convierte en retablo cultural para todos aquellos visitantes que pretenden disfrutar de una de nuestras más antiguas tradiciones culturales; la Semana Santa. Sin embargo, es el escenario cotidiano para sus vecinos durante las restantes 51 semanas del año. Menudo retablo.


La respuesta municipal al deterioro del centro histórico de Málaga solo ha tenido durante todos y cada uno de los últimos diecisiete años de gobierno, un responsable: La Junta de Andalucía, y su nefasta política en materia urbanística. Este escenario, supondría que todas las capitales andaluzas en manos de no afines al Gobierno de la Junta, estarían en similares condiciones de deterioro. Sin embargo, el actual estado de conservación de la Judería de Córdoba, del Barrio de la Viña en Cádiz, o Santa Cruz y Triana en Sevilla, son muy buenos ejemplos que destrozan dicha teoría, hasta pulverizarla.


En Málaga, la ausencia de un modelo de conservación del centro histórico, apunta directamente a la política urbanística municipal, que ha convertido el principal patrimonio, en pieza de saldo especulativo. No valen milongas ante tal nivel de degradación del centro, en una ciudad que en estos días cuenta sus buenas noticias por cruceros que entran por la bocana del puerto o por miles de turistas que vienen a ver nuestras procesiones, y no valen porque sencillamente, ni se recuerda un solo proyecto municipal de ciudad.


Y es que tras doce años como primer edil, y cinco más al frente del Urbanismo, ser alcalde debiera ser mucho más que el tocador de la campana de todos los tronos de todas las cofradías y hermandades de nuestra Semana Santa. Jugar el papel de ser el Cautivo de la Junta, ya no cuela.

José Damián Ruiz Sinagoga, Diario Sur, 03/04/2012