jueves, 28 de junio de 2012

Historia de un despropósito


En esta ocasión, volvemos a traer el desgraciado caso de la demolición casi completa del antiguo palacio del Marqués de la Sonora, joya del barroco malagueño ubicada en calle Granada nº 59 y 61 que ha sido practicamente demolido hasta sus cimientos a pesar de contar con protección integral y del que solo nos han dejado parte de sus dos fachadas.

Antes de entrar en detalles queremos manifestar nuestro apoyo a D. Francisco Rodríguez Durán, propietario de Óptica Durán, arrendatario desde 1983 del local situado en los bajos del palacio y que tuvo que abandonar en 2007 ante el desastre que se estaba produciendo en el inmueble. Al innegable perjuicio económico se suma la incertidumbre durante todos estos años años, en los que se ha visto obligado a trasladar el negocio varias veces de lugar a la espera de la finalización de las obras. También queremos agradecerle que haya puesto en nuestras manos el dictamen pericial realizado por D. Porfirio Tejera Picossi, Arquitecto Técnico colegiado y perito forense, relativo a las obras realizadas en el edificio de c/Granada, 61 y elaborado a raiz de la demanda de la promotora que pretende resolver el contrato de arriendo.

Pero ahora dejemos por un lado ese informe para dar un salto en el tiempo hasta 2003, año en el que el grupo Salsa (Sociedad Azucarera Larios S.A.), en manos de los herederos de los ilustres Larios, deciden presentar el proyecto para la construcción de un hotel de 5 estrellas en el edificio. Estamos en plena burbuja inmobiliaria y Salsa está en la cresta de la ola gracias a sus innumerables promociones por toda la costa. El Ayuntamiento estudia el proyecto y en 2004 les concede la licencia con obligación de mantenimiento de las unidades arquitectónicas y la protección integral del edificio. Y para ello nada mejor que contratar al más polémico de los arquitectos malagueños, que no es ni más ni menos que Salvador Moreno Peralta (el papá de Pablo Alborán, para entendernos) famoso en todo el país por los desastres urbanísticos de la Trinidad, el Perchel o su más reciente descalabro, el proyecto de las Tecnocasas, que ha supuesto la demolición de calles enteras como Chinchilla, Cobertizo del Conde, etc. y la pérdida irreparable de valiosos edificios de los siglos XVIII y XIX. Nos estamos desviando así que volvamos al palacio...

Un buen día alguien de Salsa suma 2+2 y descubre que si se lleva a cabo el proyecto presentado junto con la obligación de proteger íntegramente el edificio, el beneficio iba a ser pequeño, cosa inadmisible en una empresa sumida en plena vorágine inmobiliaria. Alguien incluso apunta con malicia que saldría muchísimo más barato demolerlo todo y construir un nuevo edificio, pero claro, en este caso es imposible, es un edificio con protección integral... ¿imposible?. Cunden los nervios y se acude de nuevo a Moreno Peralta quien elabora una reforma del proyecto, que se visa en abril de 2005. Este proyecto de ejecución que modifica el proyecto básico anterior, aclara que: solo estriba en cambios de distribuciones interiores que no afectan a paramentros aplicables en ordenanzas y que se mantienen el resto de pronunciamientos del acuerdo de la inicial licencia. ¿Solo pretenden hacer cambios interiores? ¿Redistribuir las habitaciones? ¿Para eso tanto lío?

Más adelante lo veremos, por ahora debemos hacer una pausa y traer a colación una carta, que casualmente presentó un día antes del visado del nuevo proyecto de ejecución, Dña. Victoria Martínez Rodríguez (ciudadana a título particular) , donde comunicaba al Ayuntamiento que: Oyó ruidos como de caída de escombros que procedían del edificio en calle Granada nº 59 o 61.

¿Cómo entonces se pasó de un edificio protegido en su integridad a un vacío delimitado por dos fachadas apuntaladas? ¿Cómo se pasó de la primera fotografía a la segunda en tan solo un par de años?






 Sigan atentos a Torre Vigía, esta historia no ha hecho más que empezar...





miércoles, 27 de junio de 2012

El caos de Salsa en calle Granada


El que iba a ser el primer hotel de cinco estrellas de la ciudad en décadas se ha convertido en un gran proyecto fallido en pleno Centro Histórico.

Seis años después no hay nada. Ni siquiera licencia de obra. El antiguo Palacio del Marqués de la Sonora, que en 2004 estaba llamado a recuperar las cinco estrellas en los hoteles de la ciudad, se ha quedado en una fachada hueca que ocupa una de las esquinas más turísticas de la ciudad. Sin embargo, no hay visos de que la situación cambie a corto plazo. Salsa, la promotora del hotel, ya no tiene licencia de obra tras ser anulada por Urbanismo. Pero además, Salsa se encuentra en enmarañada en dos procesos judiciales relacionados con este proyecto, que complican aún más el futuro de este suelo.

Cuando la tercera crujía del antiguo palacio se derrumbó a finales de 2006, durante los primeros trabajos de rehabilitación del Palacio del Marqués de la Sonora, poco hacía presagiar que con ella se iba al garete todo el proyecto. El derribo del resto del inmueble, las largas excavaciones arqueológicas y la crisis bloquearon un proyecto que iba a recuperar la entrada de la castigada calle Tomás de Cózar y una parte muy importante de la fachada de la calle Granada.

Hospes, que iba a gestionar el edificio como hotel, se terminó aburriendo y abandonó el proyecto. Salsa no terminaba de reiniciar los trabajos. Las luchas intestinas por el control de la empresa, con un cambio de titularidad tras un largo proceso judicial, lastraron aún más el proyecto. Además, comenzaron la suspicacias sobre la conservación de los elementos de valor del antiguo palacio del siglo XVIII –el zaguán, columnas y algunas piezas más– y la idoneidad del derribo del edificio.

El arquitecto redactor del proyecto, Salvador Moreno Peralta, insiste en que se tuvo que demoler gran parte del inmueble «porque estaba en muy mal estado y la estructura amenazaba con arrastrar a la fachada y los edificios vecinos». Moreno Peralta apunta que el incidente que obligó a tomar esta medida –el derrumbe de una parte del inmueble con fachada a Tomás de Cózar– se produjo «cuando estaban los trabajadores en el interior intentando apuntalar el edificio», algo que fue imposible «por el mal estado de conservación».

El resultado es que gran parte del inmueble se ha convertido en un gran solar, con los elementos de valor guardados y a la espera de que un proyecto permita restituirlos en su espacio original.

Juicios. Para enmarañar más la situación, dos juicios están activos relacionados con el proyecto fallido en el Palacio de la Sonora. Uno está en el Juzgado de Primera Instancia número 17, en el que Salsa ha demandado a Francisco Rodríguez Durán, de la Óptica Durán, para rescindir el contrato de arrendamiento que tenía por un local junto al palacio y que fue desalojado con el compromiso de volver cuando estuviera el hotel. Este juicio ha dado lugar a un informe pericial, encargado por Fernando Rodríguez Durán, que estima la posibilidad de que hubiera cierta intención de derribar el inmueble y apunta a la falta de medidas de seguridad para evitar el derrumbe. No obstante, el perito forense reconoce que no ha podido consultar toda la documentación del proceso.

Por otro lado, está activa otra demanda de Salsa en contra de la Gerencia Municipal de Urbanismo de Málaga y que se dirime en el Juzgado Contencioso-Administrativo número 2, con vistas a ver la valoración que hizo Urbanismo de las actuaciones realizadas por la promotora en el derribo del palacio. La documentación del caso incluye un estudio de otro perito que destaca el mal estado del inmueble y que provocó su derrumbe.

A eso hay que unir el informe de la Consejería de Cultura y de Urbanismo que exigen la reintegración de un palacio que tenía una protección similar a la Catedral.

La Opinión de Málaga, 26/06/2012

martes, 26 de junio de 2012

Urbanismo retira la licencia a Salsa para construir el hotel de calle Granada


Deniega la concesión del permiso para esta obra al no completar la documentación del proyecto.

Urbanismo ha denegado la concesión de la licencia de obra a Salsa Inmobiliaria para la construcción de un hotel en el antiguo Palacio del Marqués de la Sonora, en la calle Granada y que llevaba paralizada seis años.

El delegado municipal de Urbanismo, Diego Maldonado, explicó que ya se ha comunicado a Salsa la declaración de «ineficacia de la licencia porque no ha cumplimentado los requisitos que le planteamos». Esto supone que el contador se pone a cero y corresponde a la promotora plantear una nueva licencia para el solar que ha quedado donde estaba el palacio y del que sólo se conserva la fachada y algunos elementos interiores que Salsa tiene la obligación de reponer en un futuro edificio.

Maldonado señaló que Urbanismo le había reclamado a comienzos de año a Salsa Inmobiliaria que completase la documentación sobre el proyecto arquitectónico y las catas arqueológicas «para completar su expediente y tomar una decisión sobre la licencia de obra». Esta reclamación de ampliación de la información estaba motivada por el descubrimiento de restos arqueológicos romanos que obligaron a cambiar el proyecto.

El delegado municipal de Urbanismo recordó que ahora queda un plazo «de varios meses para ver qué propone la promotora, porque nuestro interés es que se desarrollen los proyectos, no paralizarlos». Advirtió de que el Ayuntamiento tiene instrumentos, como el Registro de Solares, para asegurar que este espacio no se quede abandonado. «En función de lo que haga, veremos qué decisión tomamos sobre el futuro del solar», apuntó Maldonado.

La denegación de la licencia se produce tras seis años con la obra paralizada y la construcción de un hotel de cinco estrellas prácticamente abandonado, ya que Hostes, la empresa que iba a gestionarlo, renunció al proyecto con la llegada de la crisis y la falta de impulso de esta actuación.

La promotora se comprometió hace dos años, cuando retiró la grúa de obra que estaba junto a la entrada principal, a poner una lona «más estética» que tapase la fachada, aunque no se cumplió.

La aparición de restos arqueológicos y los cambios en el proyecto motivaron el freno a los trabajos de construcción del hotel, situación que se ha mantenido hasta la actualidad y dejando un gran solar vacío y rodeado de una fachada en mal estado en uno de los puntos de mayor paso de turistas.

El hotel iba a ocupar el Palacio del Marqués de la Sonora, construido en el siglo XVIII y con la máxima protección arquitectónica. Sin embargo, el inicio de los trabajos del establecimiento derivó en el derribo del interior del palacio que la dirección de obra argumentó por el mal estado del inmueble.
Sólo se conservaron algunos elementos como la fachada, así como columnas y un valioso zaguán que se retiraron de la zona en obras y se almacenó con el compromiso de reponerlo en su ubicación original.

Historia y valor arquitectónico

El palacio del Marqués de la Sonora se construyó en 1789. El edificio fue mandado construir por Félix Solacio en 1789, asentista de la Fábrica de Naipes de Macharaviaya, aunque pasó finalmente a la Familia Gálvez, una de las más poderosas del momento y muy vinculada a América, donde hicieron fortuna. De hecho, el zaguán, una de las piezas más valiosas del edificio, tiene talladas distintas frutas provenientes del nuevo continente como motivos decorativos. La fachada es uno de los ejemplos más valiosos de la arquitectura doméstica barroca que había en Málaga.

La Opinión de Málaga, 25/06/2012

martes, 29 de mayo de 2012

La Fiscalía aprueba la demolición de los pabellones militares de la Trinidad


La fiscalía malagueña entiende que no concurre los requisitos necesarios para incurrir en un delito contra el patrimonio histórico-artístico el hecho de demoler los pabellones militares anexos al convento de la Trinidad en Málaga.
Debido a ello, el fiscal ha pedido el sobreseimiento provisional de la causa, "sin perjuicio de que su demolición no significa un resaltamiento visual del monumento", según el escrito al que ha tenido acceso Efe.

La causa se inició después de que la Plataforma en Defensa del edificio denunciara que se pretendía tirar los mencionados pabellones y que dichas edificaciones militares habían sido realizadas en el siglo XIX, con posterioridad a la obra de la iglesia y convento con claustro.

La fiscalía ha pedido el sobreseimiento provisional al entender que no hay delito, dado que esa edificación militar no está incluida en la declaración de Monumento Histórico del complejo de 1980.

Para determinar si había o no delito contra el patrimonio el fiscal ha investigado si en la declaración de Monumento Histórico, realizada en 1980, se incluían estas construcciones militares.

Para ello, la fiscalía malagueña ha recabado la documentación del antiguo Ministerio de Cultura, donde se aprecia que no se mencionan las construcciones militares y los planos identifican como edificio a conservar, exclusivamente, el convento con claustro, además de la iglesia, y excluye las edificaciones militares


La Opinión de Málaga, 28/05/2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Los pasos perdidos de El Perchel



  
Las transformaciones urbanísticas, la crisis y la huida de los vecinos cercan la historia del barrio; a punto de desaparecer.

Del ruido de las sillas a la falta de tránsito. Las calles históricas de El Perchel, a pesar de su situación geográfica, apenas son frecuentadas por los malagueños, especialmente en comparación con las avenidas aledañas. Una situación que choca con el pasado.

Lucas Martín «Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza. Yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra la frente corona de jazmines». En una mañana soleada, a la entrada de las antiguas calles de El Perchel, mientras dos técnicos de las obras del metro examinan la consistencia de los adoquines, resulta difícil seguir el curso del poema de Picasso. El que fue en su día el barrio más tradicional de Andalucía, junto a Triana y El Albaicín, se ha convertido en una de las múltiples áreas residenciales que rodean la corona del Centro. En la esquina de las calles Huerto de Madera y Malpica, la cal advierte de un pasado de cartelería generosa, pero ni rastro de flores, de balcones abiertos y niños que corretean. El Perchel, como los tiempos, es otro. Y va perdiendo, incluso, la sombra de sí mismo.



En los alrededores de la iglesia, casi se superponen los fantasmas. El silencio, antaño roto por guitarras y comercios, permite imaginar los días en los que se apelotonaban las fábricas y los corralones. El barrio, desdibujado y comprimido, se atrinchera en sus recuerdos, cada vez menos tangibles. Bloques nuevos, solares, alguna que otra tienda de todo a cien, un centro budista. En la calle Ancha del Carmen también se viene abajo la tienda centenaria Confecciones El Capricho. Sus vitrinas encierran ahora anuncios de pisos y de reformas. A su lado, otro comercio, ha empezado ya a poner precio a sus maniquíes. ¿La crisis? Los vecinos tienen otra teoría. «Qué va a ser la crisis, hombre. Esto se lo cargaron cuando hicieron la avenida de Andalucía», señala Pepe Sánchez.

Si El Perchel tiene solera no es sólo por sus antiguas costumbres. Durante buena parte del pasado siglo, abarcó una de las extensiones más vivas de Málaga, la que discurre entre la calle Mármoles y la playa de El Bulto. Al barrio, pertenecía El Llano de la Trinidad, pero también las insignias de una ciudad industrial y con olor a pescado y a flamenco. La construcción de la avenida supuso una frontera infranqueable, a la que siguieron las expropiaciones, la mayoría hechas a las bravas, con nuevas ubicaciones en Ciudad Jardín y La Palma. Para muchos, significó un movimiento parecido al exilio. Ángel Molina, de la Peña Perchelera, recuerda los problemas de adaptación de los vecinos más acostumbrados a vivir a la malagueña, con las pies metidos en el mar y el resto del cuerpo arrebujado contra el patio. Muchos de los que habitaban los cañaverales de la playa, se vieron, de repente, en apartamentos. Confundían los bidés con bañeras para niños y dejaban las bestias amarradas en los ascensores.

La mayoría de los que se fueron ganaron en calidad de vida, pero el barrio perdió sus movimientos. Se apagaron las fábricas, se derribaron las casas. En una puerta entreabierta de madera, en la calle Angosta del Carmen, se apilan cajas y objetos de cambalache. Juguetes, vasos de plástico, maderas, abanicos. Fernando Corral, vendedor, ordena su almacén. Llegó al barrio hace cuarenta años. Mientras señala a edificios de nueva construcción, evoca las noches de verano, con decenas de vecinos sentados a la fresca, identificando la vida con la risa, el canto y el ruido. «La calle estaba llena de locales. Ahora es distinto, nadie habla con nadie. Se fue la clase media, que era la que compraba», puntualiza.

Junto a las calles y las casas, también se difuminan las huellas del mar. El barrio debe su nombre a los percheles, las perchas que se utilizaban para poner a secar el pescado. Por las mañanas los niños se colaban en la fábrica de La Aurora para empaparse del olor del anís estrellado. Había negocios de envases, aceiteras, bodegas, zapaterías. Una lengua de actividad que enroscaba los edificios nobles de la avenida de Andalucía.



En la barra de la Peña Perchelera, Ángel Molina, cuenta que El Perchel fue durante décadas un entorno poblado de pescadores. «Se pasaba hambre, pero también existía mucha solidaridad. Los vecinos se cuidaban entre sí», indica. Los obreros acudían a las fábricas, el arroyo El Cuarto intimidaba en los días de lluvia, el cine Rialto y sus candilejas llamaban los domingos desde los terrenos que hoy ocupan los centros comerciales. «A los ricos no les gustaba que la gente de aquí fuera al Centro. Decían que olían a pescado», resalta.

El bar de la Peña, animado por el sonido de las fichas de dominó, está rodeado de fotografías antiguas del barrio. Obreros volviendo del trabajo, jóvenes de bigote incipiente defendiéndose de la crecida del arroyo, el negocio de vinos de La Manchega, Las Tinajas de San Pedro, con decenas de personas pendientes de la guitarra. Un tumulto que choca con la placidez casi indecorosa que gobierna ahora sus calles. «Aquí ya sólo viene la gente en Semana Santa», precisa un comerciante.

De los vecinos de aquella época, la anterior a las expropiaciones, ya sólo quedan diez familias. En la Peña, acota Molina, son setenta. Muchos socios han querido seguir vinculados a El Perchel a pesar de haberse mudado. Pepe Sánchez es de los que han vuelto. Y no quería ni oír hablar de tecnicismos. «Expropiar es lo que se hace ahora. Entonces te daban lo que querían y te tenías que ir. No había más opciones», precisa. En su caso, fueron los terrenos enajenados por los Larios. Desde la sala de la parroquia, a apenas unos metros de la calle Ancha del Carmen, apunta a una plenitud comercial que ya se percibe borrosa, extinta, anulada. «Esa calle era parecida a lo que fue Carretería. Un sitio comercial, de tránsito».

José Ros y Pepe Sánchez recuedan a hileras de vecinos recién apeadas de los autobuses, muchas de ellas con jaulas con gallinas y comida, cruzando, en su visita a la ciudad, las puertas de los negocios. Las carreras de los viajeros justo al lado del convento por el que pasó Torrijos en su camino a la desgracia. Por esa misma calle, donde hoy sólo circulan los rumores del mercado de abastos, rodó la mano de El Chiquito, en los tumultos anteriores a la guerra. Un pasado metido en la historia a bocinazos, sin ni siquiera tener que explicarse. Hasta ahora, cuando las calles de El Perchel funcionan como el estribillo sin ángel de la tonada comercial de Salitre y las grandes superficies.



La gente no parece muy animada. Cuando se les pregunta por alguna fórmula para revitalizar el barrio, se repiten las mimas caras de resignación. «Esto es muy difícil que vuelva a ser lo que era», responden. Mientras tanto, la crisis añade más malaje al antiguo cante del barrio. «Es trágico cuando se vive del comercio y apenas hay nada en la caja al final del día», lamenta Julio Basterrechea, secretario de la Asociación de Empresarios y Comerciantes de El Perchel. Los vecinos están molestos además por una de las últimas obras del Ayuntamiento, que estuvieron a punto de destrozar el refectorio del convento, que data del siglo XVIII. Hoy, la antigua sala de los religiosos enseña un tajo innoble en el centro, quizá metáfora de un barrio que sigue siendo emblema de Málaga; aunque cada vez más como símbolo. Hasta que duren los pasos.


Lucas Martín, La Opinión de Málaga, 20/05/2012

viernes, 11 de mayo de 2012

Ciudad Solar


Por circunstancias que no vienen al caso he tenido últimamente la oportunidad de disfrutar de cerca de una de las grandes rarezas del patrimonio arquitectónico de Málaga. No me refiero, por supuesto, a la acumulación de fórmulas dieciochescas, ni siquiera a esos reductos de encofrado y pintura que respiran, como bacterias apáticas, debajo de la piel muerta de la cultura del pelotazo. Hablo de los solares, de los solares realmente cualificados. En un radio de apenas dos kilómetros, el que engloba el Centro, he podido inventariar más de cuarenta; muchos de ellos cercados, otros abiertos como una región selvática de la memoria de otro tiempo, solares como lamentos llegados desde el país de la herrumbre, a los que quizá únicamente le falta un poco más de frondosidad para emparentar con la caída de los imperios cotidianos, con la decadencia de una nobleza sentimental, la que tenía más letras y agallas que títulos y acciones.

Solamente Lisboa, la Lisboa entregada a la picadura de la piedra y las carreras de la vegetación, supera en lirismo a algunos de los ejemplos que sobreviven en Málaga, aunque con diferencias agitadas, lo que en la ciudad por el Tajo es humedad y cuento de hadas, en la capital de la provincia se convierte en obstinación y mordedura de serpiente; Lisboa es una señora impecable que espera en su castillo la llegada del Apocalipsis, Málaga un revoltijo después de una fiesta. Digo de sus solares, criaturas marcadas, zonas de narración y de desidia, en las que bailotean salvajamente los cristales molidos, las hierbas y las latas, los muros y las perchas de la ropa. Nada de yermos, de baldíos, no se trata de eso; nuevos desiertos vaciados por la caída de una catástrofe, con azulejos de cocina todavía intactos sobre las medianas y los trozos de paredes. El patio trasero del conservatorio María Cristina, con una ensalada de ladrillos metida en el ojo tuerto de la ventana, su delirio de enfrente, en el que hasta se mantienen los enchufes y el papel de colores, casi suspendidos en el aire.

A pocos metros de la oficina en la que escribo este artículo, con vistas al aparcamiento de Tejón y Rodríguez, el espectacular monstruo de decenas de balcones del que sólo se conserva la fachada, como en la novela de Georges Perec, La vida instrucciones de uso, la casa abierta y convertida en una cáscara, en una concha de pasado quebradizo, triturado. Ceniza, óxido, pellejos de televisores, y hasta una muñeca, prodigiosa muñeca, incrustada en un hueco de la pared de uno de los solares de la calle Compañía; un juguete con el pelo rubio, como paja oscurecida por el légamo, quizá abandonado, superviviente mágico del derrumbe que es una parte de una ciudad y de una época. La guerra de la economía, los símbolos del desastre, de la negligencia de un periodo excesivamente acelerado al que todos ponen parches en las distancia. La belleza escandalosa de la crisis, de la destrucción, la vida metida como rastros de trufas entre las flores del desastre.

Lucas Martín, La Opinión de Málaga, 10/05/2012

lunes, 7 de mayo de 2012

Futuro marinero para Pedregalejo


Astilleros Nereo pide rehabilitar el Balneario "como estaba hace 50 años" sin tirar el muro.

Astilleros Nereo va presentar en los próximos días a todas las administraciones un proyecto de 80 páginas en el que reclama un plan especial para Pedregalejo. La propuesta cuenta con el respaldo de varios establecimientos, asociaciones y colectivos del barrio como la asociación de vecinos de los Baños del Carmen, la asociación Remo y Pala y la Hermandad del Carmen, y busca, entre otros objetivos, la creación de una cooperativa o patronato que gestione la proyección cultural del barrio que fomente su imagen marinera, con iniciativas culturales como una escuela taller que dinamice la carpintería de ribera y las actividades de remo y la señalización con carteles o paneles de cerámica con la historia de las calles y las tradiciones del barrio.

Una de las principales propuestas es la creación del embarcadero de San Telmo junto a la calle Varadero y delante de los astilleros, para recuperar el pequeño puerto del que salían las piedras de la vecina cantera del cerro de San Telmo, que sirvieron para construir el puerto de Málaga a finales del XIX, coincidiendo con el nacimiento del Parque en los terrenos ganados al mar. «Sería también un punto de encuentro de embarcaciones tradicionales», explica Alfonso Sánchez-Guitard, de Astilleros Nereo, que señala que este embarcadero aprovecharía el espigón de Levante propuesto por el plan de ordenación de los Baños del Carmen y serviría para unir los dos paseos marítimos. «Sería un paseo marítimo con senderos desmontables de madera», apunta.

El proyecto propone que este pantalán ofrezca rutas entre el Muelle 1 y Pedregalejo, potenciando un rincón de Málaga dedicado a la carpintería de ribera al menos desde finales del XIX, cuando ya hay testimonios gráficos. La propuesta de los astilleros también pide modificar el plan especial de los Baños del Carmen, que tiene proyectado demoler estas instalaciones, fundadas en el 64.

Continuidad de los astilleros. En su lugar, el plan pide que se respete el astillero, «porque para desarrollar un oficio como la carpintería de ribera, que es un Bien de Interés Cultural, necesita para su seguridad una concesión administrativa», señala Alfonso Sánchez-Guitard, que informa de que la propuesta, que recalca que es compatible con el plan especial de los Baños, plantea una rehabilitación más respetuosa del Balneario del Carmen, sin demoler su muro. «Que se respete absolutamente todo su entorno, paisaje y el jardín histórico», indica el plan, que propone que los equipamientos planificados se edifiquen en las cercanías como la zona del lavacoches o el cine Lope de Vega.

Otro de los puntos de este proyecto es lograr la protección cultural de todos los valores etnológicos, paisajísticos, arquitectónicos, históricos e industriales de Pedregalejo. La propuesta resalta el papel que podrían jugar en este plan el Ecomuseo que ahora mismo tiene en marcha Nereo y otros puntos de carpintería de ribera como el taller de Almoguera.

Alfonso Sánchez-Guitard señala que ya cuenta con la confirmación de un consignatario de buques y una empresa cultural para que los cruceristas puedan conocer en una oferta especial los astilleros, el taller de carpintería, la parroquia del Corpus Christi y además puedan degustar espetos de sardinas.

La concesión de Astilleros Nereo finaliza en 2018 y el concesionario está ahora mismo en juicio para impedir que ésta concluya antes de tiempo y sea demolido. A este respecto, Alfonso Sánchez-Guitard confía en que el Gobierno, que ha anunciado el cambio de la Ley de Costas, amplíe la concesión, precisamente por la labor protegida que realiza, la carpintería de ribera de Pedregalejo, incluida en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía, aprobado recientemente por la Junta de Andalucía.

Sánchez-Guitard también ve posible el cambio del plan de los Baños del Carmen. «Cada vez está más cerca que los tribunales lo declaren ilegal porque no se puede hacer un paseo marítimo por la playa» cuando la línea marítimo-terrestre «va por el muro», apuntó.

Alfonso Vázquez, La Opinión de Málaga, 04/05/2012