lunes, 30 de julio de 2012

En busca del palacio perdido de la Sonora




En busca del palacio perdido de la Sonora. O cómo demoler un edificio con protección integral en Málaga al amparo de la Ley del Patrimonio Histórico sin que las autoridades investiguen nada de nada.

CUENTA la leyenda que D. José Bernardo de Gálvez –Marqués de la Sonora, oriundo de Macharaviaya y héroe de la independencia de los Estados Unidos de América– mandó construir un lujoso palacio frente a la Iglesia de Santiago en la ciudad de Málaga al mismo tiempo que los aires revolucionarios hacían saltar La Bastilla en el París de 1789.

PERO los historiadores, a través de la investigación de archivos documentales, han venido a desmentir estos hechos, salvo en lo referente a las fechas, pues fue D. Félix Solecio –un aristócrata de origen genovés cuyo blasón familiar luce como emblema principal un sol– quien realmente ordenó la construcción del mal denominado Palacio del Marqués de la Sonora, a pesar de que en su fachada luzca el escudo de armas de los Gálvez de Macharaviaya que parece fue colocado a mediados del siglo XX.

ADEMÁS del uso como residencia, D. Félix Solecio planificó que en los bajos del nuevo inmueble se llevaría también a cabo actividad comercial relacionada con los negocios que eran de su propiedad y deberían ayudar a garantizar la fortuna familiar, objetivo que resultó infructuoso pues a su muerte en 1806, dejando una herencia repleta de deudas, el palacio fue embargado y pasó a manos de una familia burguesa de Madrid, también con intereses económicos en Málaga que entre otros usos le dio –vía arrendamiento a terceros– el de escuela de señoritas.



LA calidad constructiva de este palacio le permitió seguir en pie en perfectas condiciones tras dos siglos, justo hasta que se inició el habitual y sistemático proceso especulativo inmobiliario sobre este edificio histórico, que fue así condenado al abandono y la falta de mantenimiento durante al menos dos décadas.

TODO el proceso comienza en noviembre del año 2000, cuando el Ayuntamiento de Málaga, a instancias de la Sociedad Azucarera Larios S.A. (SALSA), decide iniciar el procedimiento administrativo para modificar su uso legal según normativa urbanística vigente, de modo que se propone eliminar el uso de Equipamiento Social (interés General-Público) y transformarlo en Terciario-Oficinas (interés Particular-Privado). Aunque en agosto de 2003 se produce un nuevo cambio de planes, pasando la propuesta de modificación a uso Hotelero, que es la que definitivamente se aprueba en el Pleno Municipal de 27 de mayo de 2004, con la preceptiva autorización por parte de la Consejería de Cultura (CCJA) y de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía (COPJA) vía informes favorables de julio y octubre de 2002.

DENTRO de este periodo de tramitación que transcurre entre 2000 y 2004, la promotora adquiere formalmente el inmueble (Escritura Pública firmada en diciembre de 2001)  y procede a firmar con el Ayuntamiento, en marzo de 2004, un Protocolo de Obligaciones por el que SALSA garantizaba que la actuación sería de rehabilitación (según concepto detallado en las Ordenanzas PEPRI-Centro), dado que el edificio gozaba de Protección Integral, además de por su elevado valor histórico-artístico, por el hecho de quedar inscrito en el Entorno del Bien de Interés Cultural de la Iglesia de Santiago. Cabe destacar que el proyecto de SALSA no afecta exclusivamente al Palacio, sino también a otros dos inmuebles colindantes, números 57 y 59 de calle Granada.

LA ficha del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz indica que el Palacio es una de las obras más importantes de la arquitectura civil del siglo ilustrado, cumbre de la arquitectura doméstica de su época, destacando en su fachada la portada de acceso, cuyo vano adintelado se abre entre pilastras cajeadas, con orejetas laterales, y sobre aquéllas cuelgan estilizadas ménsulas, quizás concebidas como soporte del balcón y convertidas en ornato. Tras este acceso se encuentra el zaguán, al fondo del cual surge la escalera, que cuenta con otra bella portada de mármol que se compone de dos columnas toscanas antepuestas a las pilastras y abundantes elementos decorativos, todos ellos característicos del barroco clasicista.

DE acuerdo con la referida obligación de conservación y rehabilitación, la promotora encarga al arquitecto D. Salvador Moreno Peralta la redacción de un primer Proyecto Básico, que recibe el visado del Colegio de Arquitectos de Málaga (CAM) en julio de 2003; y tras el visto bueno de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) en abril de 2004, el CAM procede al visado del Proyecto de Ejecución en noviembre de 2004.

OCURRE en abril de 2005 que V.M.R., una ciudadana a título particular, presenta escrito al Ayuntamiento comunicando que "oyó ruidos como de caída de escombros" en las fincas, tras lo que, sin conocerse más detalles al respecto, es sabido que promotora y arquitecto modifican el Proyecto de Ejecución, que recibe nuevo visado del CAM en el mismo mes en que se escuchan los referidos ruidos y que recibe nueva aprobación por parte de la GMU en julio de 2005.

POR fin en enero de 2006, tras un lustro de trámites administrativos, SALSA puede comenzar las obras de rehabilitación de las fincas, con el “infortunio” de que a los pocos días se produce un derrumbe parcial de parte del Palacio y aún hoy día sigue sin existir consenso sobre si afectó a la 1ª ó 3ª planta de la crujía que da a Calle Tomás de Cózar, porque en la GMU parece haber desaparecido “de forma misteriosa” (solo queda la carátula) el dossier redactado por el Director de Obras y arquitecto, Salvador Moreno Peralta; dossier que, extrañamente, la promotora no presentó a la administración hasta noviembre de 2006, diez meses después de producidos los hechos.



ADEMÁS, este dossier no fue presentado de forma “voluntaria” sino a instancias de la GMU, que en octubre de 2006 –siendo ya de dominio público que con plena intención, ya sin accidentalidad alguna, se había demolido casi por completo el interior de las fincas– emitió Informe Técnico en el que el Arquitecto Municipal (D. Alberto Ruiz Carmena) considera inadmisibles las obras llevadas a cabo sin licencia, por exceder ampliamente la actuación máxima definida en el PEPRI-Centro y no existir justificación fundamentada de dicha actuación, ya que se constata la demolición total de los inmuebles de Calle Granada 57 y 59, así como aproximadamente un tercio del inmueble de Calle Granada 61 esquina con Calle Tomás de Cózar. Promotora y arquitecto justifican esta demolición casi total en necesidades imperiosas y urgentes de seguridad pública.

EN febrero de 2007 SALSA solicita al Ayuntamiento la apertura de Expediente de Declaración de Ruina para así poder proceder a la retirada de escombros del solar, y en mayo del mismo año el CAM procede a visar un nuevo Proyecto Básico también redactado por D. Salvador Moreno Peralta, toda vez que las fincas han sido demolidas y ahora “se aprovecha” la oportunidad derivada de la demolición casi total de los edificios históricos para rediseñar el hotel proyectado con mayor “comodidad” y, por supuesto, mucho menor coste económico.

DE hecho, pero paradójicamente tras el tono habido en su Informe sobre las obras de demolición sin licencia, la GMU y la CCJA (agosto y septiembre de 2007) dan el visto bueno al plan de SALSA para terminar de demoler el resto del Palacio que aún quedaba en pie, salvo, eso sí, los muros de fachada de las tres fincas afectadas y con la obligación de reconstruir lo demolido sobrepasando la licencia de obras inicialmente concedida (Informes de la GMU y la CCJA de octubre y diciembre de 2007), aunque no proceden a depurar responsabilidad alguna ni a establecer ninguna sanción, ni administrativa ni civil ni penal por demoler un edificio histórico con Protección Integral.

ASÍ pues, entre febrero y abril de 2008, el CAM procede a visar el nuevo Proyecto Reformado, del mismo arquitecto, y la GMU emite Informe Técnico firmado por el Arquitecto Municipal (D. Alberto Ruiz Carmena) proponiendo aprobar el nuevo proyecto y conceder Licencia, que extrañamente no contempla ya la obligación de reconstrucción establecida el año anterior.

PERO esto ocurre ya cuando la burbuja inmobiliaria española ha estallado, lo que acaba provocando la paralización de las obras definitivamente, por lo que tras cuatro años de parón en las obras la GMU comunica a SALSA la declaración de ineficiencia de la licencia de obras en junio del presente año 2012.

FINALIZA esta secuencia con una pequeña vuelta atrás en el tiempo, haciendo mención a la denuncia por la demolición del Palacio del Marqués de la Sonora que un ciudadano a título particular –precisamente quien redacta y firma el presente texto– presentó en julio de 2011 ante la CCJA y la Fiscalía Provincial de Málaga, sección de delitos contra la Ordenación del Territorio y el Patrimonio Histórico, y que en noviembre de ese mismo año fue archivada por el Fiscal Decano D. Juan B. Calvo-Rubio Burgos, alegando que “no se puede deducir ni siquiera incidiariamente, la existencia de delito”; al igual que el Delegado Provincial de Cultura, D. Manuel Jesús García Martín, quien “se lavó las manos” en este asunto alegando, sin tapujos y literalmente ser “incompetente” en materia de Patrimonio Histórico en el BIC Centro de Málaga.



HASTA aquí queda expuesto pues el relato cronológico de los extraños, confusos y paradójicos acontecimientos que rodean la demolición de uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura civil del siglo ilustrado, que según los expertos historiadores del arte era obra cumbre de la arquitectura doméstica en Málaga.

AHORA cabe razonablemente preguntarse qué ocurrió realmente entre enero y octubre del año 2006, desde que se produce el desplome “fortuito” de una de las crujías del Palacio y posteriormente se lleva a cabo la demolición completa de los edificios de la calle Granada 57-59 y de gran parte del número 61 (el Palacio).

PARA ello ha de entrar en juego el testimonio y saber hacer de D. Porfirio Tejera Picossi, quien es Arquitecto Técnico colegiado y con Máster en rehabilitación y patología de edificios por la Universidad de Granada, que lleva ejerciendo profesionalmente desde hace un cuarto de siglo y que actuó como Perito Forense en el Juicio que un comerciante, cuyo establecimiento se ubicaba en uno de los locales de las fincas afectadas, interpuso en el año 2010 contra la promotora SALSA.

ES en marzo del presente año 2012 cuando D. Porfirio Tejera redacta el Dictamen Pericial –que un ciudadano indignado por la impune demolición del Palacio nos ha permitido consultar– y del que nos permitimos reproducir literalmente los párrafos más destacables entre sus 68 páginas, con lo cual concluye el presente artículo, dejando al lector la libertad para interpretar lo ocurrido en relación con la demolición del Palacio erróneamente conocido como del Marqués de la Sonora y del que en el futuro ningún arqueólogo al estilo Indiana Jones podrá rescatar ningún tesoro pues éste fue expoliado, al aparecer, impunemente y ante el silencio cómplice de una ciudadanía aletargada.

"A la vista de las condiciones en que se autorizó la obra: licencia para la rehabilitación con mantenimiento de las unidades arquitectónicas y protección integral del edificio (incluidos los forjados que forman parte de la estructura) no parece razonable pensar que, de haberse tomado las previas medidas mínimas y necesarias para el apeo, refuerzo y consolidación de los forjados que se derrumbaron, estos lo hubiesen hecho. En consecuencia, ni debió ser imprevisible, ni obedecer a causa de fuerza mayor, sino y más bien, a una falta de las condiciones de apeo y consolidación del forjado"

"No solo es razonable, sino que resultaría incomprensible y/o indolente que, ante el concreto, permanente, público y certificado compromiso de mantener las unidades arquitectónicas del edificio objeto de protección integral (incluida la estructura), no se tuviera la previa precaución, en un proyecto de rehabilitación, de chequear minuciosamente el estado real de la estructura del edificio, y en particular el de la crujía afectada"
"Que el derrumbe inicial de un forjado, en una de las crujías del edificio, no fue imprevisible, ni obedeció a causa de fuerza mayor, sino a la falta de medidas de apeo y consolidación del mismo y que en cualquier caso no implicaba la ruina del resto de la edificación y que antes de haber sobrevenido por causa de fuerza mayor, lo fue por una decisión continuada de  demoler y vaciar el edificio"

"Es evidente que, correspondiendo la fotografía al periodo donde se produjo el derrumbe del forjado en una de las crujías, lo que se estaba llevando a cabo era un metódico y programado proceso de demolición y vaciado del edificio donde se pretendía ubicar el hotel. Vaciado que ya se había completado en el inmueble de calle Granada nº 59"

"De lo expuesto se deduce que el derrumbe, que se dice se produjo, lo fue de forma contenida (no a lo largo de toda la C/ Tomás de Cózar) y que, estando arriostrada la fachada no era necesario el vaciado (con la toma de medidas adecuadas), del resto del inmueble. En cualquier caso ni implicaba la ruina del resto del edificio, ni derivaba en unas condiciones de sensiblemente menor resistencia -para la estructura- de las que ya tenía"

"En el informe del Departamento de Disciplina Urbanística de la GMU se indica que la demolición de los forjados parece haberse realizado mediante el corte de la viguería con maquinaria (...) y podría argumentarse que ese corte se produjo con posterioridad al desmontaje de la tablazón y otros elementos que constituían el forjado, para que fuese menos traumático en los muros de fachada. Explicación que vendría a reforzar la tesis de que la estructura horizontal era fuerte y resistente. Y lo que no tendría crédito alguno es que se dijese que la viguería en su conjunto era deficiente, pues como se puede apreciar las secciones de la madera presentan un más que aceptable aspecto y estado, además de unas generosas dimensiones en sus escuadrías. De todo ello concluyo que la ruina del edificio no sobrevino por causa de fuerza mayor, obedeció por el contrario a una identificada decisión de demoler y vaciar el edificio"

"Sí que hay ventajas, y que hay que calificarlas como extraordinarias. Por un lado, y una vez demolido el edificio (tal y como hoy se encuentra), las posibilidades de dotar al mismo de una nueva estructura interior (sea como reinterpretación, o no, de la anterior) permite una organización de los trabajos muchísimo más eficaz que realizarlos con el corsé que supone el refuerzo, restauración y recuperación de las antiguas estructuras"

"Son reveladoras las manifestaciones que el Arquitecto proyectista hace en el primer párrafo de la página 5 del proyecto visado con fecha 9 de mayo de 2007 (partiendo del edificio ya vacío) para justificar las modificaciones con respecto al proyecto original y que a continuación se reproducen: La rehabilitación no puede ser una coartada para reinventar la historia, pero menos aún una justificación para perpetuar la cochambre como un valor cultural".

Revista el Observador, 25/07/2012
Anton Iván Ozomek Fernández
Geógrafo outsider – Blog EDIFEICIOS

lunes, 16 de julio de 2012

Derriban el edificio barroco de Cobertizo del Conde





El Ayuntamiento afirma que ha actuado ante la inactividad de la Junta, que planificó hace siete años 42 tecnocasas en la calle Cobertizo del Conde .


El edificio barroco de la calle Cobertizo del Conde número 22, en la zona de Las Lagunillas, ya solo queda en el recuerdo de los malagueños. El Ayuntamiento de la capital ha procedido a su demolición «por riesgo cierto de desplome» después de que la Junta de Andalucía, beneficiaria a través de la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA) de la expropiación, no haya llevado a cabo ninguna actuación para la construcción de una promoción de 42 'tecnocasas' que ideó hace siete años. Según fuentes de Urbanismo, el temor a que su estado de deterioro pudiera provocar algún daño a transeúntes le ha obligado a actuar de forma subsidiaria, aunque antes de proceder al derribo se han recuperado las pinturas murales de la fachada con la intención de que sean colocadas en el edificio que ocupe algún día el solar ahora vacío en el Centro.




La protección de estas pinturas es el único consuelo que les queda a los ciudadanos que llevan meses reclamando la conservación de este inmueble del siglo XVIII, que no estaba protegido, y pidiendo a la administración que tomara medidas urgentes para evitar su ruina. Con este objetivo, la Plataforma Ciudadana en Defensa del Patrimonio Malacitano Torre Vigía puso en marcha en febrero una campaña en la que pedía el envío masivo de cartas al área de Urbanismo del Ayuntamiento para exigir la protección integral del edificio «como ejemplo singular de vivienda barroca de los arrabales de nuestra ciudad». Asimismo, se apuntaba que en el caso «extremo» de que tuviera que ser demolido, se rescatara «la totalidad de sus pinturas murales, así como herrajes, tejas y cualquier elemento significativo para poder ser insertado en la nueva construcción». En definitiva, con esta actuación pretendían evitar «el aniquilamiento de nuestro patrimonio histórico».



Alzado de la fachada

Sin embargo, la Gerencia Municipal de Urbanismo argumenta que dado que la promoción de viviendas planificada por la Junta no ha comenzado «y existiendo riesgo cierto de desplome que podría causar daños personales» al tratarse de una calle estrecha muy frecuentada, se dio orden a EPSA para que la demoliera después de que en una inspección técnica se comprobara «que era imposible de mantener». Al no actuar EPSA, según el Consistorio, el Ayuntamiento «lo ha realizado por ejecución subsidiaria», tras lo que le pasará la factura a la empresa pública. En la visita al inmueble, especifica Urbanismo, estuvieron tanto el Ayuntamiento como la Oficina de Rehabilitación de la Junta.



El gerente provincial de EPSA, Juan Alcaraz, explicó ayer a este periódico que se han seguido los pasos habituales en estos casos y, sobre el proyecto de tecnocasas -pisos en alquiler para jóvenes con un espacio vinculado para el teletrabajo- confirmó que no hay fecha prevista de inicio en la zona por la situación económica actual.



Antes de proceder a la demolición y «ante la imposibilidad técnica de mantener la fachada», se ha realizado un alzado de la misma para que pueda volver a edificarse tal cual estaba. Asimismo, las pinturas «se han extraído con informe de Cultura de la Junta» y volverán a su lugar de origen «sanas y salvas».


Diario Sur, 15/07/2012

jueves, 28 de junio de 2012

Historia de un despropósito


En esta ocasión, volvemos a traer el desgraciado caso de la demolición casi completa del antiguo palacio del Marqués de la Sonora, joya del barroco malagueño ubicada en calle Granada nº 59 y 61 que ha sido practicamente demolido hasta sus cimientos a pesar de contar con protección integral y del que solo nos han dejado parte de sus dos fachadas.

Antes de entrar en detalles queremos manifestar nuestro apoyo a D. Francisco Rodríguez Durán, propietario de Óptica Durán, arrendatario desde 1983 del local situado en los bajos del palacio y que tuvo que abandonar en 2007 ante el desastre que se estaba produciendo en el inmueble. Al innegable perjuicio económico se suma la incertidumbre durante todos estos años años, en los que se ha visto obligado a trasladar el negocio varias veces de lugar a la espera de la finalización de las obras. También queremos agradecerle que haya puesto en nuestras manos el dictamen pericial realizado por D. Porfirio Tejera Picossi, Arquitecto Técnico colegiado y perito forense, relativo a las obras realizadas en el edificio de c/Granada, 61 y elaborado a raiz de la demanda de la promotora que pretende resolver el contrato de arriendo.

Pero ahora dejemos por un lado ese informe para dar un salto en el tiempo hasta 2003, año en el que el grupo Salsa (Sociedad Azucarera Larios S.A.), en manos de los herederos de los ilustres Larios, deciden presentar el proyecto para la construcción de un hotel de 5 estrellas en el edificio. Estamos en plena burbuja inmobiliaria y Salsa está en la cresta de la ola gracias a sus innumerables promociones por toda la costa. El Ayuntamiento estudia el proyecto y en 2004 les concede la licencia con obligación de mantenimiento de las unidades arquitectónicas y la protección integral del edificio. Y para ello nada mejor que contratar al más polémico de los arquitectos malagueños, que no es ni más ni menos que Salvador Moreno Peralta (el papá de Pablo Alborán, para entendernos) famoso en todo el país por los desastres urbanísticos de la Trinidad, el Perchel o su más reciente descalabro, el proyecto de las Tecnocasas, que ha supuesto la demolición de calles enteras como Chinchilla, Cobertizo del Conde, etc. y la pérdida irreparable de valiosos edificios de los siglos XVIII y XIX. Nos estamos desviando así que volvamos al palacio...

Un buen día alguien de Salsa suma 2+2 y descubre que si se lleva a cabo el proyecto presentado junto con la obligación de proteger íntegramente el edificio, el beneficio iba a ser pequeño, cosa inadmisible en una empresa sumida en plena vorágine inmobiliaria. Alguien incluso apunta con malicia que saldría muchísimo más barato demolerlo todo y construir un nuevo edificio, pero claro, en este caso es imposible, es un edificio con protección integral... ¿imposible?. Cunden los nervios y se acude de nuevo a Moreno Peralta quien elabora una reforma del proyecto, que se visa en abril de 2005. Este proyecto de ejecución que modifica el proyecto básico anterior, aclara que: solo estriba en cambios de distribuciones interiores que no afectan a paramentros aplicables en ordenanzas y que se mantienen el resto de pronunciamientos del acuerdo de la inicial licencia. ¿Solo pretenden hacer cambios interiores? ¿Redistribuir las habitaciones? ¿Para eso tanto lío?

Más adelante lo veremos, por ahora debemos hacer una pausa y traer a colación una carta, que casualmente presentó un día antes del visado del nuevo proyecto de ejecución, Dña. Victoria Martínez Rodríguez (ciudadana a título particular) , donde comunicaba al Ayuntamiento que: Oyó ruidos como de caída de escombros que procedían del edificio en calle Granada nº 59 o 61.

¿Cómo entonces se pasó de un edificio protegido en su integridad a un vacío delimitado por dos fachadas apuntaladas? ¿Cómo se pasó de la primera fotografía a la segunda en tan solo un par de años?






 Sigan atentos a Torre Vigía, esta historia no ha hecho más que empezar...





miércoles, 27 de junio de 2012

El caos de Salsa en calle Granada


El que iba a ser el primer hotel de cinco estrellas de la ciudad en décadas se ha convertido en un gran proyecto fallido en pleno Centro Histórico.

Seis años después no hay nada. Ni siquiera licencia de obra. El antiguo Palacio del Marqués de la Sonora, que en 2004 estaba llamado a recuperar las cinco estrellas en los hoteles de la ciudad, se ha quedado en una fachada hueca que ocupa una de las esquinas más turísticas de la ciudad. Sin embargo, no hay visos de que la situación cambie a corto plazo. Salsa, la promotora del hotel, ya no tiene licencia de obra tras ser anulada por Urbanismo. Pero además, Salsa se encuentra en enmarañada en dos procesos judiciales relacionados con este proyecto, que complican aún más el futuro de este suelo.

Cuando la tercera crujía del antiguo palacio se derrumbó a finales de 2006, durante los primeros trabajos de rehabilitación del Palacio del Marqués de la Sonora, poco hacía presagiar que con ella se iba al garete todo el proyecto. El derribo del resto del inmueble, las largas excavaciones arqueológicas y la crisis bloquearon un proyecto que iba a recuperar la entrada de la castigada calle Tomás de Cózar y una parte muy importante de la fachada de la calle Granada.

Hospes, que iba a gestionar el edificio como hotel, se terminó aburriendo y abandonó el proyecto. Salsa no terminaba de reiniciar los trabajos. Las luchas intestinas por el control de la empresa, con un cambio de titularidad tras un largo proceso judicial, lastraron aún más el proyecto. Además, comenzaron la suspicacias sobre la conservación de los elementos de valor del antiguo palacio del siglo XVIII –el zaguán, columnas y algunas piezas más– y la idoneidad del derribo del edificio.

El arquitecto redactor del proyecto, Salvador Moreno Peralta, insiste en que se tuvo que demoler gran parte del inmueble «porque estaba en muy mal estado y la estructura amenazaba con arrastrar a la fachada y los edificios vecinos». Moreno Peralta apunta que el incidente que obligó a tomar esta medida –el derrumbe de una parte del inmueble con fachada a Tomás de Cózar– se produjo «cuando estaban los trabajadores en el interior intentando apuntalar el edificio», algo que fue imposible «por el mal estado de conservación».

El resultado es que gran parte del inmueble se ha convertido en un gran solar, con los elementos de valor guardados y a la espera de que un proyecto permita restituirlos en su espacio original.

Juicios. Para enmarañar más la situación, dos juicios están activos relacionados con el proyecto fallido en el Palacio de la Sonora. Uno está en el Juzgado de Primera Instancia número 17, en el que Salsa ha demandado a Francisco Rodríguez Durán, de la Óptica Durán, para rescindir el contrato de arrendamiento que tenía por un local junto al palacio y que fue desalojado con el compromiso de volver cuando estuviera el hotel. Este juicio ha dado lugar a un informe pericial, encargado por Fernando Rodríguez Durán, que estima la posibilidad de que hubiera cierta intención de derribar el inmueble y apunta a la falta de medidas de seguridad para evitar el derrumbe. No obstante, el perito forense reconoce que no ha podido consultar toda la documentación del proceso.

Por otro lado, está activa otra demanda de Salsa en contra de la Gerencia Municipal de Urbanismo de Málaga y que se dirime en el Juzgado Contencioso-Administrativo número 2, con vistas a ver la valoración que hizo Urbanismo de las actuaciones realizadas por la promotora en el derribo del palacio. La documentación del caso incluye un estudio de otro perito que destaca el mal estado del inmueble y que provocó su derrumbe.

A eso hay que unir el informe de la Consejería de Cultura y de Urbanismo que exigen la reintegración de un palacio que tenía una protección similar a la Catedral.

La Opinión de Málaga, 26/06/2012

martes, 26 de junio de 2012

Urbanismo retira la licencia a Salsa para construir el hotel de calle Granada


Deniega la concesión del permiso para esta obra al no completar la documentación del proyecto.

Urbanismo ha denegado la concesión de la licencia de obra a Salsa Inmobiliaria para la construcción de un hotel en el antiguo Palacio del Marqués de la Sonora, en la calle Granada y que llevaba paralizada seis años.

El delegado municipal de Urbanismo, Diego Maldonado, explicó que ya se ha comunicado a Salsa la declaración de «ineficacia de la licencia porque no ha cumplimentado los requisitos que le planteamos». Esto supone que el contador se pone a cero y corresponde a la promotora plantear una nueva licencia para el solar que ha quedado donde estaba el palacio y del que sólo se conserva la fachada y algunos elementos interiores que Salsa tiene la obligación de reponer en un futuro edificio.

Maldonado señaló que Urbanismo le había reclamado a comienzos de año a Salsa Inmobiliaria que completase la documentación sobre el proyecto arquitectónico y las catas arqueológicas «para completar su expediente y tomar una decisión sobre la licencia de obra». Esta reclamación de ampliación de la información estaba motivada por el descubrimiento de restos arqueológicos romanos que obligaron a cambiar el proyecto.

El delegado municipal de Urbanismo recordó que ahora queda un plazo «de varios meses para ver qué propone la promotora, porque nuestro interés es que se desarrollen los proyectos, no paralizarlos». Advirtió de que el Ayuntamiento tiene instrumentos, como el Registro de Solares, para asegurar que este espacio no se quede abandonado. «En función de lo que haga, veremos qué decisión tomamos sobre el futuro del solar», apuntó Maldonado.

La denegación de la licencia se produce tras seis años con la obra paralizada y la construcción de un hotel de cinco estrellas prácticamente abandonado, ya que Hostes, la empresa que iba a gestionarlo, renunció al proyecto con la llegada de la crisis y la falta de impulso de esta actuación.

La promotora se comprometió hace dos años, cuando retiró la grúa de obra que estaba junto a la entrada principal, a poner una lona «más estética» que tapase la fachada, aunque no se cumplió.

La aparición de restos arqueológicos y los cambios en el proyecto motivaron el freno a los trabajos de construcción del hotel, situación que se ha mantenido hasta la actualidad y dejando un gran solar vacío y rodeado de una fachada en mal estado en uno de los puntos de mayor paso de turistas.

El hotel iba a ocupar el Palacio del Marqués de la Sonora, construido en el siglo XVIII y con la máxima protección arquitectónica. Sin embargo, el inicio de los trabajos del establecimiento derivó en el derribo del interior del palacio que la dirección de obra argumentó por el mal estado del inmueble.
Sólo se conservaron algunos elementos como la fachada, así como columnas y un valioso zaguán que se retiraron de la zona en obras y se almacenó con el compromiso de reponerlo en su ubicación original.

Historia y valor arquitectónico

El palacio del Marqués de la Sonora se construyó en 1789. El edificio fue mandado construir por Félix Solacio en 1789, asentista de la Fábrica de Naipes de Macharaviaya, aunque pasó finalmente a la Familia Gálvez, una de las más poderosas del momento y muy vinculada a América, donde hicieron fortuna. De hecho, el zaguán, una de las piezas más valiosas del edificio, tiene talladas distintas frutas provenientes del nuevo continente como motivos decorativos. La fachada es uno de los ejemplos más valiosos de la arquitectura doméstica barroca que había en Málaga.

La Opinión de Málaga, 25/06/2012

martes, 29 de mayo de 2012

La Fiscalía aprueba la demolición de los pabellones militares de la Trinidad


La fiscalía malagueña entiende que no concurre los requisitos necesarios para incurrir en un delito contra el patrimonio histórico-artístico el hecho de demoler los pabellones militares anexos al convento de la Trinidad en Málaga.
Debido a ello, el fiscal ha pedido el sobreseimiento provisional de la causa, "sin perjuicio de que su demolición no significa un resaltamiento visual del monumento", según el escrito al que ha tenido acceso Efe.

La causa se inició después de que la Plataforma en Defensa del edificio denunciara que se pretendía tirar los mencionados pabellones y que dichas edificaciones militares habían sido realizadas en el siglo XIX, con posterioridad a la obra de la iglesia y convento con claustro.

La fiscalía ha pedido el sobreseimiento provisional al entender que no hay delito, dado que esa edificación militar no está incluida en la declaración de Monumento Histórico del complejo de 1980.

Para determinar si había o no delito contra el patrimonio el fiscal ha investigado si en la declaración de Monumento Histórico, realizada en 1980, se incluían estas construcciones militares.

Para ello, la fiscalía malagueña ha recabado la documentación del antiguo Ministerio de Cultura, donde se aprecia que no se mencionan las construcciones militares y los planos identifican como edificio a conservar, exclusivamente, el convento con claustro, además de la iglesia, y excluye las edificaciones militares


La Opinión de Málaga, 28/05/2012

lunes, 21 de mayo de 2012

Los pasos perdidos de El Perchel



  
Las transformaciones urbanísticas, la crisis y la huida de los vecinos cercan la historia del barrio; a punto de desaparecer.

Del ruido de las sillas a la falta de tránsito. Las calles históricas de El Perchel, a pesar de su situación geográfica, apenas son frecuentadas por los malagueños, especialmente en comparación con las avenidas aledañas. Una situación que choca con el pasado.

Lucas Martín «Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza. Yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra la frente corona de jazmines». En una mañana soleada, a la entrada de las antiguas calles de El Perchel, mientras dos técnicos de las obras del metro examinan la consistencia de los adoquines, resulta difícil seguir el curso del poema de Picasso. El que fue en su día el barrio más tradicional de Andalucía, junto a Triana y El Albaicín, se ha convertido en una de las múltiples áreas residenciales que rodean la corona del Centro. En la esquina de las calles Huerto de Madera y Malpica, la cal advierte de un pasado de cartelería generosa, pero ni rastro de flores, de balcones abiertos y niños que corretean. El Perchel, como los tiempos, es otro. Y va perdiendo, incluso, la sombra de sí mismo.



En los alrededores de la iglesia, casi se superponen los fantasmas. El silencio, antaño roto por guitarras y comercios, permite imaginar los días en los que se apelotonaban las fábricas y los corralones. El barrio, desdibujado y comprimido, se atrinchera en sus recuerdos, cada vez menos tangibles. Bloques nuevos, solares, alguna que otra tienda de todo a cien, un centro budista. En la calle Ancha del Carmen también se viene abajo la tienda centenaria Confecciones El Capricho. Sus vitrinas encierran ahora anuncios de pisos y de reformas. A su lado, otro comercio, ha empezado ya a poner precio a sus maniquíes. ¿La crisis? Los vecinos tienen otra teoría. «Qué va a ser la crisis, hombre. Esto se lo cargaron cuando hicieron la avenida de Andalucía», señala Pepe Sánchez.

Si El Perchel tiene solera no es sólo por sus antiguas costumbres. Durante buena parte del pasado siglo, abarcó una de las extensiones más vivas de Málaga, la que discurre entre la calle Mármoles y la playa de El Bulto. Al barrio, pertenecía El Llano de la Trinidad, pero también las insignias de una ciudad industrial y con olor a pescado y a flamenco. La construcción de la avenida supuso una frontera infranqueable, a la que siguieron las expropiaciones, la mayoría hechas a las bravas, con nuevas ubicaciones en Ciudad Jardín y La Palma. Para muchos, significó un movimiento parecido al exilio. Ángel Molina, de la Peña Perchelera, recuerda los problemas de adaptación de los vecinos más acostumbrados a vivir a la malagueña, con las pies metidos en el mar y el resto del cuerpo arrebujado contra el patio. Muchos de los que habitaban los cañaverales de la playa, se vieron, de repente, en apartamentos. Confundían los bidés con bañeras para niños y dejaban las bestias amarradas en los ascensores.

La mayoría de los que se fueron ganaron en calidad de vida, pero el barrio perdió sus movimientos. Se apagaron las fábricas, se derribaron las casas. En una puerta entreabierta de madera, en la calle Angosta del Carmen, se apilan cajas y objetos de cambalache. Juguetes, vasos de plástico, maderas, abanicos. Fernando Corral, vendedor, ordena su almacén. Llegó al barrio hace cuarenta años. Mientras señala a edificios de nueva construcción, evoca las noches de verano, con decenas de vecinos sentados a la fresca, identificando la vida con la risa, el canto y el ruido. «La calle estaba llena de locales. Ahora es distinto, nadie habla con nadie. Se fue la clase media, que era la que compraba», puntualiza.

Junto a las calles y las casas, también se difuminan las huellas del mar. El barrio debe su nombre a los percheles, las perchas que se utilizaban para poner a secar el pescado. Por las mañanas los niños se colaban en la fábrica de La Aurora para empaparse del olor del anís estrellado. Había negocios de envases, aceiteras, bodegas, zapaterías. Una lengua de actividad que enroscaba los edificios nobles de la avenida de Andalucía.



En la barra de la Peña Perchelera, Ángel Molina, cuenta que El Perchel fue durante décadas un entorno poblado de pescadores. «Se pasaba hambre, pero también existía mucha solidaridad. Los vecinos se cuidaban entre sí», indica. Los obreros acudían a las fábricas, el arroyo El Cuarto intimidaba en los días de lluvia, el cine Rialto y sus candilejas llamaban los domingos desde los terrenos que hoy ocupan los centros comerciales. «A los ricos no les gustaba que la gente de aquí fuera al Centro. Decían que olían a pescado», resalta.

El bar de la Peña, animado por el sonido de las fichas de dominó, está rodeado de fotografías antiguas del barrio. Obreros volviendo del trabajo, jóvenes de bigote incipiente defendiéndose de la crecida del arroyo, el negocio de vinos de La Manchega, Las Tinajas de San Pedro, con decenas de personas pendientes de la guitarra. Un tumulto que choca con la placidez casi indecorosa que gobierna ahora sus calles. «Aquí ya sólo viene la gente en Semana Santa», precisa un comerciante.

De los vecinos de aquella época, la anterior a las expropiaciones, ya sólo quedan diez familias. En la Peña, acota Molina, son setenta. Muchos socios han querido seguir vinculados a El Perchel a pesar de haberse mudado. Pepe Sánchez es de los que han vuelto. Y no quería ni oír hablar de tecnicismos. «Expropiar es lo que se hace ahora. Entonces te daban lo que querían y te tenías que ir. No había más opciones», precisa. En su caso, fueron los terrenos enajenados por los Larios. Desde la sala de la parroquia, a apenas unos metros de la calle Ancha del Carmen, apunta a una plenitud comercial que ya se percibe borrosa, extinta, anulada. «Esa calle era parecida a lo que fue Carretería. Un sitio comercial, de tránsito».

José Ros y Pepe Sánchez recuedan a hileras de vecinos recién apeadas de los autobuses, muchas de ellas con jaulas con gallinas y comida, cruzando, en su visita a la ciudad, las puertas de los negocios. Las carreras de los viajeros justo al lado del convento por el que pasó Torrijos en su camino a la desgracia. Por esa misma calle, donde hoy sólo circulan los rumores del mercado de abastos, rodó la mano de El Chiquito, en los tumultos anteriores a la guerra. Un pasado metido en la historia a bocinazos, sin ni siquiera tener que explicarse. Hasta ahora, cuando las calles de El Perchel funcionan como el estribillo sin ángel de la tonada comercial de Salitre y las grandes superficies.



La gente no parece muy animada. Cuando se les pregunta por alguna fórmula para revitalizar el barrio, se repiten las mimas caras de resignación. «Esto es muy difícil que vuelva a ser lo que era», responden. Mientras tanto, la crisis añade más malaje al antiguo cante del barrio. «Es trágico cuando se vive del comercio y apenas hay nada en la caja al final del día», lamenta Julio Basterrechea, secretario de la Asociación de Empresarios y Comerciantes de El Perchel. Los vecinos están molestos además por una de las últimas obras del Ayuntamiento, que estuvieron a punto de destrozar el refectorio del convento, que data del siglo XVIII. Hoy, la antigua sala de los religiosos enseña un tajo innoble en el centro, quizá metáfora de un barrio que sigue siendo emblema de Málaga; aunque cada vez más como símbolo. Hasta que duren los pasos.


Lucas Martín, La Opinión de Málaga, 20/05/2012